Desde carajita me encanta una hoja en blanco y un lápiz.
A muchos les asusta a la hora de dibujar algo nuevo, iniciar un escrito, empezar a formar una idea. Recuerdo haber acabado con resmas enteras en mi casa hasta que me compraron una bobina de papel...para mí solita! y es que me gusta rayar, intervenir, alterar ese limpio estado de las cosas. Por ejemplo, lo primero que yo hago cada año es comprar un cuaderno. No una agenda, donde cada hoja tiene su día, hora y todo está preconcebido...me gusta un cuaderno bonito, práctico, que quepa en la cartera...es como empezar en limpio. Anoto mis cosas por hacer, qué tengo que comprar, algún dato interesante, soy como una pequeña antena receptora de ideas que flotan en el aire.
Pero este año compré uno especial. Uno que ya no habla solamente de mí, ni de mis necesidades diarias, ni exclusivamente de mis sueños. Compré un cuaderno algo más grande de lo acostumbrado, sin fechas (por ahora) pero con metas, de esas cosas que se planean de a dos. Cosas de las que más temprano que tarde se pueden echar una mano porque lo esencial es estar preparados para cuando llegue el momento. Es aprovechar el timming con las ideas correctas. Por lo tanto ese cuaderno ya no lo escribo yo, además Hernán me dicta ciertas cositas así que va a ser diferente esta vez, él también toma parte en sus páginas con entusiasmo y ese toque de picardía que siempre me ha gustado en él y espero que luego quede como un mapa de los deseos, testigo de los altos y bajos del camino.
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